El pasado fin
de semana he regresado a Bilbao. En los últimos tiempos me vale cualquier excusa para retornar a esa ciudad a la que tan vinculado estuve en mi infancia y juventud. Aquella villa que yo conocí hace muchos años era gris, fea en buena parte de su casco urbano y exhalaba graves problemas sociales, económicos y políticos. Varias décadas después Bilbao ha sabido transformarse profundamente y se ha convertido en una ciudad que posee un buen número de atractivos que la hacen merecedora de ser visitada.
El icono de ese cambio es, sin duda, el Museo Guggenheim, una atrevida apuesta que puso a Bilbao en un mercado en el que nunca antes había estado presente: el turismo cultural. Pero esa pionera actuación no fue un hecho aislado; pronto se comenzó a recuperar la ría y sus márgenes, generándose un urbanismo y una arquitectura de gran calidad en ese espacio.
Bilbao también ha optado en los últimos años por una transformación sustancial en una materia tan sensible como el transporte público: a la renovación de su flota de autobuses se ha unido la construcción del metro y la instalación del tranvía, con lo que el desplazamiento por esa ciudad es cómodo y rápido.
Además, dos de los motores principales de la economía de Bilbao, cuales son el comercio y la hostelería se encuentran a un gran nivel. Y por si fuera poco, el clima de crispación política ha disminuido sensiblemente en los últimos tiempos.
Muchos son pues los atractivos para volver a Bilbao, pero permitidme que os recomiende uno: un paseo en la mañana del domingo por la orilla de la ría, desde el Guggenheim hasta El Arenal, donde en sus inmediaciones se disfruta de un atractivo mercado de flores. El recorrido se debe rematar en la Plaza Nueva, tomando un vino y un pincho tras ojear los libros de viejo allí expuestos.
Obviamente en Bilbao también hay problemas (me crucé con Eduardo Madina y los dos escoltas que lo protegían) y muchas cosas que mejorar, pero creo que esa ciudad ha encontrado su camino y sabe hacia dónde quiere dirigirse.
Sé que Bilbao y Valladolid son ciudades con escalas diferentes, con situaciones que tienen que ver muy poco entre sí, y que las comparaciones entre ambas quizá no sean apropiadas, pero me parece evidente que mientras la capital vizcaína juega en primera división Valladolid, tristemente, se hunde en el pozo de la segunda. Hace falta cambiar a la directiva, al entrenador y a la plantilla para recuperar el puesto que a esta ciudad le corresponde.
Sólo con procesiones y tapas no vamos a coger el tren del futuro.